Experiencia de un día
LA LUZ DEL PASADO
Experiencias para sentir la esencia de los pueblos antiguos.
Experiencias que iluminan y capturan la esencia de antiguas culturas y pueblos alrededor del mundo, revelando sabiduría oculta en la memoria colectiva.
Déjate conducir por este viaje al interior de tu corazón y abrirte a experimentar una conexión con tus memorias ancestrales y con los lugares especiales donde vivieron estos pueblos y que todavía guardan sus huellas visibles e invisibles.
Próxima salida
ULACA, LA ESENCIA DE LOS VETTONES
Domingo 3 de mayo
Experiencia de día completo en el castro de Ulaca, en la Sierra de la Paramera al norte de la Sierra de Gredos. Este enclave, uno de los mayores tesoros históricos de Castilla, sigue siendo un secreto por descubrir.
Para explorar este castro, seguiremos una ruta circular (quien quiera con marcha nórdica y quien no sin bastones) desde el pueblo de Villaviciosa. Este recorrido nos guiará a través de los diversos paisajes del Valle de Amblés, permitiéndonos luego descubrir cada punto de interés del yacimiento: la puerta, el torreón, el altar de sacrificios, la sauna, la muralla, la cantera y las antiguas viviendas.
Se ofrecerán dos opciones de recorrido para ajustarse al nivel físico de los participantes. Una será una ruta más accesible, aunque incluye algunas subidas, y la otra será más exigente, llevando también hasta las ruinas de la Cabeza de Navasangil.
Tras un merecido descanso, continuaremos con la segunda parte de la actividad:
Nos adentraremos en el lugar y su cultura con una visión más amplia, comprendiendo su influencia en la historia que ha moldeado nuestra civilización y cultura, especialmente en lo referente a Castilla.
A través de una meditación y de otras prácticas, conectaremos con el lugar y recuperaremos la esencia de este pueblo. Sentiremos cómo vivieron, su conexión con la tierra y lo espiritual.
Finalmente, realizaremos una ofrenda de agradecimiento para honrarlos y reconocerlos como parte de la humanidad y nuestros ancestros.
DATOS PRÁCTICOS
Fecha: Domingo 3 de mayo
Hora y lugar de encuentro:
10 hr. en Villaviciosa (Avila). Se envía ubicación
Precio: 35 €
Que llevar: calzado deportivo con suela adherente y ropa adecuada a la climatología, agua y algo para comer en el campo.
ULACA
Ulaca es uno de los castros vettones mejor conservados y está situado en Ávila, sobre una imponente elevación desde donde los antiguos habitantes controlaban el Valle del Río Amblés.
Constituía un enorme poblado cerca de 60 hectáreas cercadas por una imponente muralla. Un recinto bastante más amplio, por ejemplo, que el espacio amurallado de la actual ciudad de Ávila.
La historia de Ulaca fue relativamente corta puesto que no duró más de 300 años. El recinto defensivo se levantó en el siglo III a.C. Y el yacimiento estuvo habitado hasta que los romanos obligaron a sus habitantes a trasladarse al llano, fomentando una política que trataba de evitar que las poblaciones indígenas pudieran protegerse en el interior de estos asentamientos fuertemente defendidos. Se especula con la posibilidad que el abandono del poblado de Ulaca pudiera haber supuesto el nacimiento de la Ávila romana.
Este enclave destaca por sus impresionantes murallas y estructuras rituales, como el famoso altar de los sacrificios, tallado en la roca, donde parece que se realizaban ceremonias religiosas. Además, cuenta con una sauna iniciática, que sugiere prácticas de purificación o ritos de paso.
Ulaca no solo es una fortaleza; es un testimonio del carácter espiritual y defensivo de los vettones y un legado que sigue hablándonos desde nuestro pasado.
Un hecho excepcional es que las evidencias arqueológicas aparecen inalteradas desde la antigüedad, tal y como se abandonaron precipitadamente por los pobladores del castro.
Sobre los Vettones
Los griegos y romanos llamaron Vettones a los habitantes de cultura celta que habitaron, durante el primer milenio a.C, en algunas áreas de la meseta y las montañas del oeste de lo que ahora es Castilla y León, entre los ríos Duero y Tajo.
Se destacaron como pastores y guerreros hábiles, lo cual les permitió prosperar en un entorno montañoso y difícil. Sus castros, fortificados y erguidos sobre colinas, eran mucho más que refugios: espacios de encuentro y lugares sagrados donde se unían comunidad y espiritualidad.
Sus célebres esculturas de verracos —misteriosas figuras de toros y cerdos tallados en piedra— parecían vivir, dotadas de poder para proteger los rebaños y bendecir la fertilidad de la tierra.
Resistieron con fuerza ante la ocupación romana, luchando no solo por su territorio, sino por preservar la esencia de su cultura y sus lazos con el entorno.
Hoy, al visitar sus vestigios, reconocemos la profunda conexión entre aquellos pueblos antiguos y la tierra que aún nos sostiene.